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Grupo de Duelo

Acompaña a los padres en el dolor inconcebible de la muerte de un hijo, sin límites de edad. Un hijo se engendra para la vida. Asumir su muerte, despedirse de su abrazo, es devastador; una tragedia cuando no se vislumbra ninguna salida.

La propuesta de acompañamiento es dura. Supone asumir este dolor y atravesarlo, tocándolo, llorándolo, compartiéndolo, para así, a la manera de Cristo, poder redimirlo. Asumir para redimir, morir para resucitar, porque no hay nada imposible para Dios.

Para integrase a este grupo, que se reúne en la Catedral cada 15 días, deberán anotarse en la Secretaría Parroquial.

No existe manera alguna de describir el dolor que se siente tras la muerte de un hijo, no hay modo de expresarlo porque es la experiencia más devastadora que una persona puede vivir. 
Con la muerte de un hijo, cae violentamente el proyecto de futuro. La pérdida deja un vacío enorme. Lo afecta todo: el cuerpo, la rutina, la relación con la familia, la espiritualidad, los deseos de vivir. Son momentos muy difíciles y plagados de sentimientos encontrados, en donde abundan la tristeza, la culpa, la angustia y la desesperación.
El dolor de este duelo es diferente al de otros duelos. En todos los casos, seguiremos viviendo con un sufrimiento que no es constante y cuya intensidad disminuirá con el tiempo. Pero este tiene una particularidad: cuando aparece el recuerdo, se vuelve doloroso muy rápidamente, sin importar los años que hayan transcurrido.
Se puede sobrellevar y aprender a convivir con este dolor. Las reacciones de los padres son tan infinitas como individuales. Es un proceso penoso y largo, nadie sale indemne de esta experiencia. El cambio es inevitable, conocemos la injusticia y nos sorprendemos con sentimientos ásperos que no nos creíamos capaces de concebir.
No existe un patrón ni una receta universal para salir adelante, cada uno tiene su tiempo y hace su propio derrotero.
“La muerte de un hijo es la experiencia más cercana a la propia muerte. Una parte de nuestro ser parece morir con él. El camino hacia la resurrección… es un camino de pasión, de calvario, de caídas profundas y finalmente de entrega. El amor, que es el único remedio, es el que nos hace vislumbrar el sentido de la vida, de la muerte, y de la vida para siempre”. – Mercedes García Oliver.
Atravesar el duelo es una decisión; es desear de alguna manera hacerle honor a la vida que tuvo nuestro hijo con nosotros en esta tierra. Cambiamos la mirada y comenzamos a ver con los ojos del alma. Crecemos y aprendemos que el amor tiene otras maneras de ver, oír y tocar. 
En verdad se requiere mucho coraje para volver a sonreír. Sin embargo, ser feliz es el mejor regalo que se le puede hacer a nuestro hijo.

 Coordinadoras del Grupo de Duelo: María José Munne de Wernicke y Gabriela Rodrigo

Grupo de Adoración al Santísimo

En el año 2003 latía en el corazón de varios miembros de la comunidad el deseo de reunirse a rezar en la presencia de Jesús Sacramentado. Así nació este grupo de oración llamado “Amemos a Jesús con el corazón de María”. Desean aprender a amar a Jesús como ella lo amaba.

Se reúnen de lunes a viernes después de la misa de 10 hs. y hasta las 12 hs. Es abierto a todos y cada uno se queda el tiempo que puede.

Para más información, comunicarse con la secretaría parroquial.