Reflexión de Catalina Beccar Varela publicada en la revista Bienaventurados del mes de abril de 2018. 


Esta vez me tocó hablar de santos. Aprovechando que es abril, elijo a uno de los que más me gusta: san Marcos.
San Marcos era apenas un niño cuando Jesús predicaba. Además, era primo de san Bernabé y tuvo la suerte de poder acompañarlos a él y a san Pablo en el primer viaje misionero que hicieron estos dos apóstoles. Pero, lamentablemente, al llegar a regiones en donde había muchos guerrilleros y atracadores, Marcos tuvo mucho miedo y decidió volver a su región y no formar más parte de la misión.
En el segundo viaje, Bernabé lo quiso llevar consigo otra vez; pero san Pablo se opuso, diciendo que no ofrecía garantías de perseverancia para resistir los peligros y las dificultades del viaje. Esto hizo que los dos apóstoles se separaran y se fueran cada uno por su lado a misionar.
Varios años después, Marcos llegó a ser el secretario y hombre de confianza de san Pedro. Según dicen, Marcos lo escuchaba con sed de aprender y llenarse de conocimientos ya que san Pedro hablaba ni más ni menos que de Jesús. Dicen que, a pedido de los cristianos de Roma, Marcos escribió lo que acerca de Jesús había oído predicar al apóstol, y fue así como surgió el “Evangelio según san Marcos”.1

Veo a san Marcos y pienso: ¿quién nunca tuvo miedo de llevar la palabra de Jesús alguna vez? ¿Quién nunca renunció por temor a ser atacado? Marcos tuvo miedo y, sobre todo, el coraje de decir “yo no puedo, me vuelvo a mi país”; tuvo la valentía de reconocerse pequeño y frágil. Sin embargo, por medio de Pedro, volvió a confiar en sí mismo y volvió a enamorarse del mensaje de amor de Jesús. Con sus palabras y gestos, logró llevar a los demás toda su sabiduría, desparramando a su paso la Buena Noticia.
¡Qué lindo sería ser más parecidos a Marcos! Qué lindo sería sabernos pequeños y frágiles, pero a la vez regalarnos la oportunidad de volver a confiar en nosotros mismos. Marcos habla de Jesús, y con eso llena su corazón y el de los demás. Pasa de ser un joven asustado a ser el autor del primer evangelio gracias a su gran convicción.
Marcos nos enseña que, cuando Jesús está en el medio, ni el temor ni la desconfianza son suficientes para vencer. San Pedro le habla del mismo Dios hecho carne, entonces Marcos no quiere ni puede quedarse callado ante semejante mensaje.
Creo que, esta vez, estamos invitados a perder el miedo, estamos invitados a hablar de Jesús. Él es Dios hecho hombre, es la prueba del Amor hecho carne. Jesús es la prueba de una alianza de amor infinito. Queda en nosotros deshacernos del miedo, del temor al qué dirán. Son nuestras palabras y gestos las herramientas con las que contamos para llevar el mensaje de amor. Dios nos necesita para hacer a todos partícipes de su Reino en la tierra. Animémonos a llevarlo a donde quiera que vayamos, a cantar sobre su amor, a gritar que es Él el principio y el fin de todas las cosas.
¡Qué san Marcos nos acompañe y aliente en esta desafiante tarea!


1 ACI Prensa