Reflexión de Juan José Mayer publicada en la revista Bienaventurados del mes de abril de 2020.


Mirada. Reflejo. Ego. Miedos e inseguridades, seguridades. Autocontemplación. Autorreconocimiento. Reflexión.

La reflexión es el cambio de dirección de una onda que, al entrar en contacto con la superficie de separación entre dos medios cambiantes, regresa al medio donde se originó.

¿Qué provoca que nuestra mirada se desvíe de los trazos de la realidad hacia el reflejo que devuelven los espejos? Estos que como portales nos muestran la realidad desde una constante nueva perspectiva. Sus atributos muchas veces son bastardeados, se los acusa de ser instrumentos de vanidad o egoísmo.
Los espejos duplican y multiplican. Algunas personas perciben miedo al encontrarse con ellos en la oscuridad, pero a la luz del día encuentran simplemente un reflejo del presente, una confirmación de su existencia, de su seguridad, de encontrarse auténtico; una oportunidad de reafirmar su camino, su amor propio, de ver lo que en el día a día se ignora.
Un espejo repite un recorte de la realidad, en el que las personas tenemos la oportunidad de reflexionar. A la luz del día nos puede enceguecer; o devolver una imagen clara, fiel, fresca y limpia de nosotros mismos. En la oscuridad los evitamos, tal vez por aquel recurso narrativo del suspenso o terror, o porque podemos sentir miedo de indagar en nuestro interior y de ahogarnos en el mito narcisista, el cual busco resignificar.
La luz que refracta no es siempre la del sol, es la nuestra. En algunos casos nos gusta, en otros no, y depende del día, de cómo miremos, de qué miremos. Tenemos la oportunidad de vernos como los demás nos miran, es la única forma de vernos por fuera, con o sin prejuicios.
¿Cuál es la imagen que regresa hacia donde se originó? Allí se ve parte de nuestra identidad, así lucimos; nos devuelve una parte de lo que somos (para unos, vital; y para otros, secundaria).
Un espejo puede ser raíz de tormentos, de percepciones formadas por estereotipos que lastiman, que no devuelven la imagen que deseamos, la que los demás “desean”. También devuelven esa imagen “esperada”; pero quien emite esa luz percibe miedo, inseguridad de ser usado, de ser “querido” sólo por su aspecto.
¿Qué pasaría en el mundo si no hubiera más espejos? ¿Habría lugar para la reflexión, para reconocernos? ¿Qué imagen tendríamos de nosotros mismos? ¿Describiríamos de la misma forma a los demás?
¿Te sumás a darle una vuelta a aquel mito? Pienso que podemos sacarle provecho a este objeto, que sea puerta para encontrar nuestra belleza, lo que nosotros mismos decidamos que sea belleza. Busquemos que la imagen que refracte sea lo que queremos encontrar al final del día. Aunque no podamos elegir qué ver, podemos elegir nuevas preguntas que hacer. La próxima vez que te encuentres reflejado, ¿qué vas a buscar?

Este texto se construyó a partir de respuestas de 33 personas a la pregunta ¿QUÉ SIGNIFICA PARA VOS UN ESPEJO?