Reflexión de jóvenes publicada en la Revista Bienaventurados del mes de diciembre de 2020.


Después de muchos meses online, de misas virtuales y encuentros de jóvenes vía internet, las actividades de a poco van volviendo y el templo vuelve a recibir a sus fieles en cada misa.

El coro de jóvenes, Santa Cecilia, desempolvó las guitarras y afinó sus cuerdas vocales para volver a ser parte de todas las celebraciones. ¿Qué dicen quienes cada domingo se juntan y planean cada canción y momento musical de la misa? ¿Cómo fue volver a las canchas?

¿Por qué elegiste formar parte del coro de jóvenes?

Cuando iba al colegio, teníamos misa una vez por semana.Cada año tenía su coro. Tuve la suerte de participar de esa actividad durante 7 años. Justo cuando veía que estaba cada vez más cerca de terminar el colegio y dejar de hacer eso que tanto me gustaba y me ayudaba, una amiga de Ágora, que era general, me escuchó cantar y me dijo: “este domingo le toca a mi grupo de coro,¿porqué no venís y le das una chance?”. Soy una persona muy tímida, así que esto requería salir de mi zona de confort. Lo recé mucho y le di una chance. Ese mismo domingo fui, y Agus me dijo que volviera la próxima.Así que así fue: no lo estaba buscando pero fue una oportunidad caída el cielo.

¿Qué se siente en el corazón cuando se canta para rezar?

San Agustín escribió “Cantar es rezar dos veces”. Cada frase, cada nota es una experiencia única que tenés con Dios. Una conexión que no se puede explicar. Lo describiría como una sensación de tranquilidad que te llena el alma. Ser para el mundo.Desaparecen los nervios, la gente, las excusas y sólo están vos y Dios. Es como cuando descubrís algo por primera vez. Esa misma sensación que tenías cuando abrías regalos de chiquita. Esa alegría inexplicable y, por más de que sea algo desconocido, no querés soltarlo nunca más.

¿Cómo se sintió volver a cantar después de tantos meses?

Nervios y ansiedad no faltaban. Después de 8 meses, volver a cantar con gente que te está escuchando desde su casa, tratando de vivir una misa fuera de lo común, aumentaba mi miedo. Por suerte éramos tres. Al comenzar la misa, teníamos la mente en blanco. No nos acordábamos cuándo cantar, cómo eran las canciones. Nos dispusimos totalmente a la voluntad de Dios. “Nada que sea para Él va a salir mal”, nos decíamos. Y así fue que, con mucha confianza en Jesús, pudimos volver a sentir ese fuego interno y poder vivir de nuevo eso tan fuerte.

¿Cómo se vivió el reencuentro con el coro?

El reencuentro fue como un abrir de ojos. Volver a algo que extrañábamos tanto, no sólo por la experiencia sino por la calidad humana. Todos sentíamos un poco de miedo, incertidumbre,y teníamos muchas ganas de superar expectativas (sin saber cuáles eran). Reconectarse con todas esas personas desde un punto de vista distinto. Leer el Evangelio, pensar las canciones, ensayarlas… un regalo que no sabíamos que habíamos recibido hasta que lo perdimos. Un privilegio. Un privilegio que no sólo tenemos nosotros, los del coro,sino también todos los que presencian la misa.Canciones que descolocan, palabras que le dan un sentido a nuestra vida, y gente que comparte una mirada de su camino.