Misa de Jóvenes

Horario: Domingo 20.30 horas

Hemos podido comprobar que, muchas veces, hay una gran distancia entre lo que vivimos todos los días y lo que celebramos en la liturgia. No entendemos lo que pasa en la celebración, los cantos no nos gustan y los ritos nos parecen vacíos. Esto se siente más entre los jóvenes, por eso, creamos un espacio que consiste en celebrar una misa especialmente para ellos.

El grupo de liturgia (llamado Mataat y conformado por jóvenes) es el encargado de preparar la misa: ellos son los que guían y reparten los ministerios (lecturas, ofrendas, intenciones, etc.). Muchas veces, además, preparan algún signo o video. El coro, formado también por jóvenes, elige canciones que estén en sintonía con lo que se vive a esta edad. Por último, el Padre da la homilía pensando especialmente en lo que hoy los jóvenes están viviendo y en cómo acercar a Jesús a sus problemáticas diarias.

Es una alegría para todos nosotros ver a tantos jóvenes que se acercan a misa y que pueden vivir su fe y acercarse a Jesús a través de un encuentro vivo con Él.

¡Te esperamos también a vos a que te des una oportunidad y te animes a participar!

Celebración de la misa:

Liturgia de reunión

Liturgia de la Palabra

Liturgia de la Eucaristía

Liturgia de misión


Liturgia de Reunión

La misa comienza con los ritos iniciales. La finalidad de este momento es que, quienes llegamos desde distintos lugares y situaciones, nos constituyamos como comunidad para recibir juntos y aprender de la Palabra de Dios y alimentarnos con su Eucaristía.

Abarca los siguientes momentos:

  1. Canto y procesión de entrada: La misa comienza con el canto de entrada que es una oración que nos prepara y dispone para la celebración. En ella expresamos la alegría de reunirnos como pueblo de Dios.
  2. Señal de la cruz y saludo inicial: Nos ponemos en presencia de Dios bajo el signo de la cruz y somos saludados con el deseo de recibir los dones que Dios nos regala.
  3. Pedido de Perdón: Nos reconocemos pecadores delante de Dios y necesitados de sanar heridas y reconciliarnos con Dios y con los demás.
  4. Gloria: Alabamos a Dios y le agradecemos por lo que es. Esta oración expresa los sentimientos profundos del corazón humano.
  5. Oración colecta: Esta oración está precedida por un instante de silencio, luego de que el sacerdote dice “oremos”. Este silencio tiene por finalidad presentarle cada uno a Dios la intención más importante por la que rezaremos en la misa. Luego, el sacerdote eleva todas las intenciones a Dios con una oración que expresa el sentido de la fiesta que estamos celebrando.

Actitudes a despertar en este momento de la misa:

  • La fe en la presencia de Dios en la asamblea: es Cristo el que se hace presente en los que se reúnen en su nombre.
  • La actitud comunitaria propia de los hermanos, hijos de un mismo Padre, que se encuentran.
  • El sentido penitencial: hay que renovar permanentemente el deseo y perdón que Dios puede darnos. Por eso, personal y comunitariamente, renovamos nuestra conversión a Dios.
  • El sentido de alabanza al Señor por lo que ha hecho, hace y hará por nosotros.
  • Una actitud de súplica, mostrando la necesidad permanente de ser ayudados por Dios.

Liturgia de la Palabra

Después de disponernos convenientemente mediante los ritos de la liturgia de reunión, estamos listos para el primer gran encuentro del Señor con nosotros que él ha elegido tener mediante el signo básico de la comunicación humana que es LA PALABRA. La Palabra proclamada hace realmente presente al Señor en medio de los creyentes.

El esquema ritual está constituido y estructurado a manera de diálogo entre Dios y su pueblo:

  1. Dios habla a su pueblo a través de la ley y los profetas (Primera lectura del Antiguo Testamento).
  2. El pueblo responde a Dios y medita la revelación (Salmo).
  3. Dios habla a través de los Apóstoles (Segunda Lectura).
  4. El pueblo aclama a Cristo maestro (Aleluya).
  5. Cristo mismo nos revela la Palabra del Padre, la Buena Noticia (Evangelio).
  6. El sacerdote aplica y explica este mensaje al pueblo de Dios (Homilía).
  7. El pueblo de Dios acepta la manifestación de Dios en su palabra y responde con la fe (Credo).
  8. Todos juntos oramos pidiendo al Padre la aplicación universal de sus beneficios (Oración de los fieles).

Así como se llama “altar” a la “mesa de la Eucaristía”, se llama “ambón” al lugar desde donde se proclama la Palabra de Dios; podemos decir que también él es una verdadera“mesa” pues desde allí se alimenta nuestra FE.

Actitudes a despertar en este momento de la misa:

  • Actitud de escucha y meditación de la Palabra de Dios.
  • Asimilación en nuestra vida de la Palabra de Dios como un verdadero alimento que nos ayuda a caminar como cristianos día a día.
  • Proclamación de nuestra fe (Credo) con verdadero entusiasmo y la seguridad de pertenecer al Pueblo de Dios.
  • Intercesión como pueblo de Dios frente a nuestro Padre, pidiendo por nosotros y por otros con la certeza de ser escuchados.

Liturgia de la Eucaristía

Concluida la Liturgia de la Palabra, sigue la Liturgia de la Eucaristía. Este es el momento en que “la Palabra se hace carne en nosotros”, reproduciendo ritualmente los tres gestos que Jesús hizo en la última cena:

  1. TOMÓ PAN: Presentación de dones. El hombre pone lo que tiene, lo que vive, lo que necesita, lo que es.
  2. DIO GRACIAS: Plegaria eucarística. Dios pone y da lo que es. El Padre nos entrega a su Hijo.
  3. LO PARTIÓ Y LO DIO: Rito de comunión. Se produce la comunión total entre “los que se han ofrecido”: el hombre con Dios.

Hay dos signos para preparar la fracción del pan y la comunión:
Padrenuestro: alimentamos nuestra condición de Hijos.
Signo de la paz: alimentamos nuestra condición de hermanos.

Actitudes a despertar en este momento de la misa:

  • Presentar, junto a los dones de pan y vino, nuestra vida para ser transformada, poniendo la confianza en el Dios que nos creó y que, por medio de Cristo, nos salvó.
  • Escuchar con atención para disponernos a dar gracias, ofrecernos, interceder y alabar. Actitudes espirituales que se nos invita a tener en este momento.
  • Alimentarnos con alegría del Cuerpo Cristo, verdadero alimento de vida eterna.
  • Cuidarnos de un excesivo individualismo. Somos una asamblea que también es Cuerpo de Cristo y que, como comunidad, se acerca a recibir a Jesús en la Eucaristía.

Liturgia de Misión

Después de concluir las catequesis litúrgicas (ritos iniciales, liturgia de la Palabra y liturgia de la Eucaristía), llegamos al último momento de la misa, muy breve en tiempo pero significativo en su sentido: la liturgia de misión.

¿Qué ritos lo integran?

Comienza con los avisos prácticos que se considere necesario dar a la comunidad. Luego:

Saludo final: el sacerdote saluda a la comunidad del modo litúrgico acostumbrado (“El Señor esté con ustedes…”)

Bendición: se trata de una bendición simple que invoca a la Trinidad, no ya ajena a nosotros sino íntimamente experimentada (en la Eucaristía hemos recibido de una manera especial al mismo Señor).

Despedida: el sacerdote (o el diácono) despide a la asamblea con el “Podemos ir en paz” siendo esta expresión no un mero permiso para salir, sino un envío semejante al de Jesús con sus discípulos, que se puede traducir: “vayan llevando la paz que han obtenido en la celebración”.

Y terminamos cantando juntos un canto de despedida.

¿Qué significado tiene este momento?

Tomar conciencia que todo lo celebrado en la misa no es ajeno a la VIDA sino que, por el contrario, la vida de un cristiano debe ser la prolongación de todo lo que celebró en ella. La misa (Palabra y Eucaristía) es la fuente de la fe y de la caridad que debe concretarse en todos los momentos que nos toca vivir. Además, el rito de misión, como su nombre lo insinúa, se constituye en un mandato apostólico, es decir, en un envío. Lo recibido ha sido mucho, no puede quedar guardado… debe difundirse, transmitirse, ser contagiado.

Actitudes a despertar en este momento de la misa:

  • Recibir la bendición con un corazón abierto para “dejarse enviar”.
  • Unirse en el canto de despedida.
  • Esperar a que salga el sacerdote que preside la celebración con sus ministros.
  • Y, por qué no, quedarse un momento más haciendo silencio interior para decantar lo celebrado.