Carta de nuestro Párroco, P. Pedro Oeyen, publicada en la revista Bienaventurados del mes de agosto de 2017. 


Queridos amigos:

Antiguamente el cargo de párroco era vitalicio. El Concilio Vaticano II estableció que era necesario poner un límite de edad para evitar que la parroquia envejezca con su pastor.

Por eso, el actual Código de Derecho Canónico establece en el canon 538, inciso 3: “Al párroco, una vez cumplidos los 75 años de edad, se le ruega que presente la renuncia al obispo diocesano, el cual, ponderando todas las circunstancias de la persona y del lugar, decidirá si debe aceptarla o diferirla”.

En cumplimiento de esta sabia norma, elevé mi renuncia a Mons. Oscar Ojea con fecha 13 de julio de 2017, en estos términos:

“Querido Oscar:

Al cumplir 75 años y a tenor del canon 538, inc. 3, presento mi renuncia al cargo de párroco de la Catedral de San Isidro, que se me confiara hace ya más de 23 años y en el que he puesto todo mi esfuerzo en tratar de desempeñarlo del mejor modo posible. 
Agradezco al Señor, que me ha brindado la oportunidad de servir al Pueblo de Dios y ser feliz al hacerlo. También a vos y a tus antecesores, Mons. Aguirre y Mons. Casaretto, que me han confiado esta y otras importantes misiones en la Iglesia a lo largo de mi vida sacerdotal, así como a los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que me acompañaron y ayudaron. 
Ruego, además, que quieran perdonar mis pecados, errores, imperfecciones y cuanto no haya hecho bien. Confiando en la gran misericordia de Dios y en la caridad de todos, me pongo a tu disposición para lo que juzgues conveniente que pueda seguir sirviendo a la Iglesia.
Sin más, me despido, con todo afecto”.

Le rogué que la aceptara, pues me parece que después de tanto tiempo de tener un mismo párroco, a la Catedral le vendría bien un cambio que la haga crecer. El obispo me contestó lo siguiente:

“Querido Pedro:

Al recibir tu renuncia al cumplir 75 años, siento la necesidad de agradecerte en nombre de la Iglesia todo este largo y fecundo servicio al Pueblo de Dios a través de tu ministerio sacerdotal.
Has conocido y servido a la Iglesia desde distintos lugares, lo que te ha permitido una experiencia profunda de su Misterio. Es por eso que -en su nombre- te pido que continúes tus tareas ministeriales con el mismo amor con que lo has hecho, aunque desde un lugar diferente.
Te ruego formalmente que sigas al frente de la Parroquia hasta principios del año que viene, en que recibiremos al nuevo párroco.
Recibí un fuerte abrazo y toda mi estima.
Mons. Oscar Ojea”.

Por lo tanto, seguiré hasta el mes de marzo, cuando recibiremos al nuevo párroco y yo pasaré a ser emérito, colaborando con lo que él necesite. Desde ya recemos para que el Espíritu Santo ilumine al obispo al elegirlo y prepare su corazón para que sea un Buen Pastor de la Catedral.

Hasta pronto,

Pedro Oeyen