Carta del nuevo párroco, P. Carlos “Checo” Avellaneda, publicada en la revista Bienaventurados del mes de marzo de 2018. 


Queridos fieles:

Les escribo mi primera carta, ya pronto a asumir la responsabilidad de pastorear la comunidad de la Catedral. Es una misión que el obispo me confió y que recibo con alegría y esperanza. Siempre lo nuevo genera expectativas y también algunas incertidumbres. Este es un tiempo de expectativas para ustedes y para mí. Esperamos cosas buenas los unos de los otros. Quiero poder darles lo mejor de mí y sé que recibiré lo mejor de ustedes. Pero, más importante y más rico que nuestro intercambio de dones, será lo que Dios mismo querrá regalarnos al encontrarnos en esta nueva etapa que comenzamos juntos. Estoy preparado para dejarme sorprender por el Señor con lo que Él quiera darme a través de ustedes, mi nueva comunidad. Quisiera que ustedes hagan lo mismo. Que yo espere de ustedes y ustedes de mí no solamente lo que cada uno de nosotros quiere y necesita, sino lo que Dios mismo desea darnos a todos.

Los sacerdotes y los feligreses suelen generar expectativas recíprocas, alimentadas por las necesidades de cada uno. Muchos curas desean comunidades a la medida de sus aspiraciones, y muchísimos fieles esperan pastores todo terreno, hábiles en todo y para todo. Tengo muy claro que ustedes no tienen por qué ser lo que yo espero y necesito como cura. Quiero acogerlos como lo que son, con sus dones y sus talentos, también con sus limitaciones y sus carencias. Si lo hago amorosa y agradecidamente, Dios me colmará con una gran riqueza que brotará, genuina y auténtica, de todos ustedes. Lo mismo quisiera que vivan ustedes respecto de mí: que me reciban con mis capacidades y mis limitaciones, acogiéndome como el hombre y el pastor que estoy pudiendo ser. Así vivido, nuestro encuentro será fecundo, lleno de sorpresas y posibilidades, prometedor y desafiante. Dios nos une en este momento de nuestras vidas para confiarnos una gran misión. Estamos llamados a comunicar la alegría del Evangelio a nuestros hermanos. No a hacer proselitismo, sino a vivir la novedad de la fe con alegría, transmitiéndola con un testimonio convencido y sereno de lo que a nosotros mismos nos ayuda y consuela.

Una de mis sobrinas, crecida a la sombra de esta Catedral, me dijo: “Vas a ser párroco de una iglesia querida por todos, que es la casa de todos: fieles, instituciones civiles, vecinos, turistas; una iglesia que significa mucho para la gente por todo lo que han vivido en ella”. Sus palabras me ayudaron a comenzar a comprender cuál será mi misión. Le pido a Dios que dilate mi corazón para ser padre y hermano de todos, comenzando por los sacerdotes de la parroquia, abarcando a los agentes pastorales, a todos los feligreses, acogiendo a quienes lleguen a nuestra parroquia y a los que viven en el vecindario, especialmente los más pobres y necesitados.

Estoy seguro de que Dios nos regalará su amor siempre nuevo. Que, al celebrarlo en la próxima Semana Santa, podamos descubrirlo.
Les dejo un abrazo y mi cariño,

Carlos Avellaneda.