Hoy, 22 de abril, celebramos con toda la Iglesia la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales y Consagradas.

En todas las misas se nos invita a ser generosos en la colecta, que será destinada a nuestro Seminario Diocesano.
Hay una crisis vocacional en casi todo el mundo, salvo en algunas regiones de Asia y África. Es muy aguda en Europa, en donde la edad promedio de los consagrados es muy alta, muchas parroquias están sin sacerdotes que las atiendan y cada año se cierran varios conventos. Preocupante, aunque menos aguda en nuestro continente, en especial en algunos países de América Latina.
En nuestra diócesis se han cerrado muchas casas religiosas y hay pocos seminaristas en nuestro Seminario Diocesano, aunque este año entraron tres y uno más se reincorporó luego de unos años de haberse ido.
Las causas, sin duda, son múltiples: desde los malos ejemplos y escándalos provocados por algunos, hasta una generalizada búsqueda de bienestar material, así como la desvalorización del celibato y la virginidad consagrada.
Dios siempre saca fruto bueno de los momentos difíciles y cruces. Así es como vemos que florecen las vocaciones laicales comprometidas, que cada día asumen nuevas responsabilidades en la Iglesia, y crece el número de los diáconos casados.
Esperemos también, y recemos para que esto ocurra, que renazca un nuevo estilo purificado de vida consagrada y sacerdotal, alegre en su entrega total a Dios y a los demás, que sepan responder a las necesidades de la Iglesia y del mundo actual.