Reflexión de P. Gonzalo Rebollo, vicario parroquial, publicada en la revista Bienaventurados del mes de julio de 2018. 


Se nos va la primera mitad del año, y pasaron muchas cosas importantes en nuestro Jardín Maternal. Sería largo enumerar todas. Además, cada una de ellas merece que nos detengamos. Elegí dos para compartir con todos ustedes.

La primera, pasado el tiempo de la adaptación, fue una fiesta comunitaria que realizamos junto a los niños y sus familias un viernes por la tarde. El centro de la fiesta estuvo animado por una artista que realizó un unipersonal. Narraba la historia de un pueblo que había perdido la alegría. La gente ya no tenía ganas de juntarse. Cada uno andaba pendiente de sus cosas. Los días no se distinguían uno de otro. En medio de esa monotonía gris, una maestra decidió invitar a un circo muy famoso por su capacidad de reunir y alegrar a la gente de cada lugar que visitaba. Pero los dueños del circo se excusaron por tener ya muchos compromisos asumidos. La sorpresa fue que, en vez de hacer una presentación, le enviaron a la maestra una valija llena de instrumentos circenses, con una carta en la que la animaron a que realizara ella misma el circo. Así fue cómo lentamente la maestra fue siguiendo los consejos de cada disciplina, y se encontró realizando un show que reunió nuevamente a toda la gente de su pueblo.
Junto a las familias, llegamos a una enseñanza muy sencilla: muchas veces la vida nos pone frente a situaciones inesperadas, desconocidas, que en primer lugar nos despiertan miedo y bronca. Pero cuando decidimos enfrentarlas, descubrimos, en nosotros mismos y a nuestro alrededor, herramientas y capacidades que estaban escondidas y que ni siquiera sospechábamos que teníamos. Como todas nuestras fiestas, contamos con el compromiso, el esfuerzo y la alegría de las maestras, y terminamos compartiendo unos choripanes. Fue un momento de alegría y reflexión.

La segunda noticia para compartir tiene un nombre y rostro concreto: Mónica, la cocinera. Después de 8 años junto a nosotros, le llegó el tiempo de la jubilación. Comienza una nueva etapa en su vida. Nos transmitía el dolor por tener que dejarnos, pero también la alegría por tener más tiempo disponible para disfrutar de sus nietos, que son uno de sus tesoros. Fue difícil despedirnos, aunque lo hizo al estilo de Los Chalchaleros, lentamente… ¡nos fue preparando con tiempo desde fines del año pasado! Queremos darle las gracias a ella y al Padre Dios por lo que fueron estos años de servicio y compromiso vividos con el Jardín, los niños y sus familias. Se pueden decir muchas cosas de Moni; pero quiero destacar especialmente, además de su don para cocinar rico y ganarse el cariño de los chicos y chicas (¡y el nuestro!), su capacidad de estar disponible y dar una mano en lo que hiciera falta. Con la camiseta puesta, siempre estaba buscando y consiguiendo cosas para el Jardín. Sin vergüenza, a cuanta persona veía y se cruzaba, con mucha simpatía le “mangueaba” algo que podía ser útil. Estamos agradecidos por su servicio, y confiamos en que Dios Padre la va a bendecir en este tiempo nuevo, junto a sus nietos.

Y a todos ustedes amigos, les agradecemos también por el compromiso de siempre y les pedimos que sigan apoyando este pequeño signo del Reino en medio de nuestros hermanos que más nos necesitan.

Un abrazo.