Reflexión de Juan José Mayer, publicada en la revista Bienaventurados del mes de septiembre de 2018. 


“Aquí hace menos frío que en la calle, hay leña para un fuego. No mucha, pero bueno, un poco de calor no viene mal. Aquí hay una canción que nos descansa, un hueco para el alma, sentirse como en casa, un alto en el camino nada más…”.

Así comienza la canción de Pedro Guerra “PASA”. Esta letra me trajo la idea de casa, de hogar y me hizo detenerme, pensar. ¿Qué significa casa, hogar? ¡Algo tan común y tan distinto para cada persona!

Una casa tiene todo lo nuestro, lo material, y a su vez es testigo de lo más íntimo: familia, recuerdos, historias, mesas compartidas en festejos y encuentros. Es el lugar al que llegás y te sacás los zapatos, ese lugar cálido en donde descansás. La cotidianeidad nos acostumbra, y nos hace olvidar de que tenemos un lugar donde dormir y comer, donde estar abrigados, donde pasar el tiempo.

Para algunas personas es un desafío estar en casa y tienen que hacer de su hogar otro lugar, para evitar peleas, para no estar solos o porque están de paso. En nuestra casa, allí donde nos sentimos seguros, salen las emociones a flor de piel; a veces con actitud adolescente nos queremos ir, y otras veces simplemente alcanza con una caminata para despejar la mente.

No nos olvidemos de las personas que perdieron sus casas, o fueron rechazadas de ellas; ni de aquellos otros que nunca tuvieron un techo, y la calle es su casa. Hay casas grandes, casas chicas, departamentos, ordenadas y desordenadas, con movimiento o tranquilas, con olor a comida casera o delivery; sea cual sea, que siempre esté abierta para recibir y hacer a los demás sentirse COMO EN CASA. Que nuestra casa se transforme en hogar depende de nosotros, pero claro, no se trata de darle la llave a cualquiera. Se trata de tener un corazón abierto, paciente, dispuesto a compartir lo que tenemos; se trata de recibir a quien necesita hogar.

Ya está terminando el invierno. Es un buen momento para valorar y agradecer el trabajo de nuestros padres o reconocer el esfuerzo propio que implica tener una casa, un techo donde estar, un lugar a donde volver, una casa en donde permanecer.

“Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron…’ (…) Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'”.
Mateo 25, 34-40

Pasa
Pedro Guerra

Aquí hace menos frío
que en la calle,
hay leña para un fuego,
no mucha, pero bueno,
un poco de calor
no viene mal.
Aquí hay una canción
que nos descansa,
un hueco para el alma,
sentirse como en casa,
un alto en el camino
nada más.
Pasa, entra
y siente que hay
quien duda como tú
y no se descubre nada,
nada de las cosas
que ha escuchado
y desespera.
Pasa, entra
y siente que hay quien
duda como tú
pero se abraza a lo que
tiene y se levanta con
la fuerza que le queda.
Pasa, entra
y siente que hay quien
duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.