Reflexión de Mercedes Ruiz Luque publicada en la revista Bienaventurados del mes de octubre de 2018. 


Este mes quiero regalarles una nueva canción, que empecé a componer hace uno o dos años. La recé mucho, la “dejé reposar”, le hice algunos arreglos, escuché algunas sugerencias… Y, finalmente, llegó la hora de presentarla.

Se llama Canción a san José*. La letra es sencilla y la música, más todavía. Porque, a través de esta canción, quiero destacar a alguien que vivió en la humildad y en la simpleza y que, desde ese lugar, fue clave en la historia de la Salvación.
Imagino al Niño Jesús contemplando a su padre en la tierra, aprendiendo de él no sólo el oficio, sino también las virtudes y los rasgos de santidad. No sé por qué, pero lo veo asomado a la puerta del taller de san José, “espiándolo” e inspirándose con su presencia.
Imagino a la Virgen María sintiéndose protegida y acompañada por un hombre tan bueno y tan justo. En medio de la cotidianeidad, compartiendo temores y esperanzas, charlando de temas profundos y pasando largos ratos con él.
Imagino a san José viviendo con los dos seres más excepcionales de la tierra, sin entender del todo los planes de Dios pero CONFIANDO en Él. Creo que este es el verbo clave si queremos imitarlo.
Siguiendo el ejemplo de san José, que siempre podamos confiar en Dios y en los caminos que nos propone.

* Pueden encontrar la canción en YouTube, Spotify, Itunes y otras plataformas.

Canción a san José

San José de Nazareth,
padre de familia y protector,
al decir que sí al gran plan de Dios
recibiste a su Hijo en este mundo.

San José, trabajador,
incansable servidor,
carpintero justo, paciente y honesto,
tus manos tallaban humildad.

San José llevanos a Jesús
que podamos acercarnos como vos.
Que, fieles al buen Dios y a nuestra misión,
podamos discernir su Voluntad.

San José, hombre de Dios
peregrino en el silencio,
como un cordero te dejaste guiar
con confianza y mansedumbre.

San José, fuiste un pilar
en el que Dios se pudo apoyar,
tus brazos fueron cuna en la que descansar,
tus pies trazaron huella para caminar.