Reflexión de nuestro párroco emérito, p. Pedro Oeyen, publicada en la revista Bienaventurados del mes de mayo de 2019.


Es una buena oportunidad para dar gracias a Dios; a los Equipos de redacción, autores de artículos y anunciantes; a quienes distribuyen la revista por las casas; a nuestros lectores y a aquellos que difunden su contenido.
Son 150 números, que se publicaron a razón de diez por año, puntualmente y sin interrupciones. Ha mejorado la calidad de la impresión, la diagramación y el contenido. Desde hace mucho, se puede también leer en la página web de la Catedral y así llega a lugares y países distantes.
Su intención es reflejar la vida y el pensamiento de una comunidad cristiana viva, en permanente evolución para responder a los desafíos de los tiempos. En sus páginas todos pueden aportar ideas, artículos u opiniones, y muchos lo han hecho.
Esto nos mueve con mucha alegría a esta acción de gracias y a confiar en que podremos seguir en la senda, confiando en la misericordia de Dios y de todos los que saben comprender los errores que podemos cometer.
Este deseo de comunicar a través de una publicación periódica no es nuevo en nuestra parroquia, sino que ya tiene casi un siglo.
En septiembre de 1920, el padre Allievi inauguraba la revista “San Isidro”, que subsistió por más de treinta años. Por mucho tiempo fue semanal, luego quincenal y por fin mensual, hasta que se fue espaciando y desapareció.
La colección casi completa, junto a las publicaciones posteriores, se encuentra en el Museo Municipal Beccar Varela y refleja la vida de nuestro pueblo, hoy ciudad. En dicha publicación también aparecían noticias sociales y acontecimientos variados. Es la única revista de esa época que se mantuvo a lo largo de tantos años, y es fuente inagotable de consultas para los que se interesan por la historia local.
En los siguientes treinta años, en varias oportunidades se reinició la publicación de una revista parroquial o de las capillas, con duración variada.
Por fin, en noviembre de 1986, comenzó una nueva etapa que se prolongó hasta mayo de 2004 con el “Boletín de la Parroquia Catedral de San Isidro”. Se publicaban diez números por año y nunca se discontinuó. Pero, con el correr del tiempo, su contenido se fue limitando a transmitir las actividades parroquiales y la cantidad de páginas quedó reducida al mínimo.
A comienzos del año 2004, Flor Tapia Gómez con algunos amigos me propusieron renovar totalmente la revista, que había perdido interés para muchos. Estudiaban comunicación y querían hacer algo para poner en práctica lo aprendido.
Los apoyé, con la condición de que consiguieran financiar al menos parte del costo por medio de publicidad. Conseguido esto, se pusieron a trabajar en el primer número, que desde el comienzo se llamó “Bienaventurados” y salió en junio de ese año.
Gracias a ellos nació, y gracias a todos los que mencioné al comienzo siguió existiendo durante estos 15 años. ¡Y vamos por más porque nuestra misión es comunicar!