Entrevista a Cecilia Flynn, trabajadora social, publicada en la revista Bienaventurados del mes de julio de 2019.


Ceci Flynn tiene 27 años y es trabajadora social. Se recibió en el 2014 en la Universidad del Salvador, y en esta entrevista nos cuenta un poco acerca de su profesión y de su experiencia a lo largo de estos años.

¿Por qué decidiste estudiar Trabajo Social?
En el año 2009, durante el último año del colegio, tuve la suerte de enterarme del trabajo que se hacía en un hogar de niños y conocer a la trabajadora social de ese lugar. Me acuerdo de haber leído en internet lo que significaba el trabajo social, y, principalmente, lo que lo distinguía de la asistencia social. La diferencia era clara: el asistencialismo no sirve para restituir derechos, para brindar posibilidades, para generar un cambio. Y creo que lo importante es potenciar las capacidades de cada uno; trabajar con lo que las personas traen, con la resiliencia; generar espacios de escucha, de contención, de justicia social; apostar al bienestar de los grupos sociales.

¿Cómo descubriste esta vocación?
Vocación… La relaciono directamente con el disfrute; con saber que, a pesar del cansancio y de momentos de muchísima frustración, estoy haciendo lo que me gusta. Seguramente haya cambios que no voy a poder ver en lo inmediato; pero sí puedo generar un mínimo cambio en el contexto en el que estoy, segura de que a largo plazo esto tendrá resultados favorables.
Por otro lado, mi decisión fue siempre acompañada por mi familia y mis amigas. Celebro lo que pude aprender de ellos y en especial celebro que me hayan transmitido la importancia de “mirar al otro”, de pensar en las distintas realidades sociales que se viven y hacer algo con eso. No hablo solamente de una vulnerabilidad económica; muchas veces la restitución de derechos se da en ámbitos en donde lo económico no se presenta como única dificultad.

¿Qué es lo que hacés como trabajadora social?
Actualmente trabajo en el acompañamiento de los procesos de adopción. El principal objetivo como trabajadora social es restituir los derechos que han sido vulnerados. Hay niños, niñas y adolescentes que han vivido situaciones de muchísima negligencia, violencia y vulnerabilidades. ¿Por qué? No creo tener la respuesta; pero sí estoy segura de que se trata de un contexto que no pudo acompañar, de un Estado que no brindó los recursos ni políticas públicas suficientes y necesarios, y de unos adultos que no han podido con esa situación.

¿Por qué creés que es importante?
Vivimos en un contexto social que no siempre acompaña a las personas que transitan situaciones de vulnerabilidad socioeconómica, a quienes por momentos se los tiene “olvidados”, a aquellos que no tienen las mismas posibilidades y acceso a recursos que otros sí tienen. Esto fue una de las grandes cosas que me llevaron a elegir al trabajo social como profesión: la injusticia social que cada vez se amplía y se hace más extensa. Me parece que no implica otra cosa más que fomentar y favorecer espacios de escucha, priorizar el respeto hacia las demás personas; buscar y alcanzar recursos que promuevan el desarrollo de las propias capacidades y potencialidades; trabajar interinstitucionalmente con organismos públicos, fundaciones, etc.; armar redes de trabajo, favorecer las redes sociales de aquellos con los que uno trabaja (amigos, familiares, vecinos, comunidades). Somos seres sociales, y eso implica no quedarse con la individualidad de cada uno, sino buscar la manera de unirse y encontrar grupos de contención que acompañen durante los momentos difíciles y sirvan de apoyo.

¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo?
Disfruto de aprender algo nuevo todos los días; de trabajar cara a cara y en territorio con las personas; de trabajar en equipo, de debatir, de concientizar (o intentarlo); de dejar afuera el imaginario social y los prejuicios que son inherentes a casi todos; de generar encuentros que ayuden a repensarnos como sociedad, que nos encuentren con el cambio social y con lograr una equidad social en lo referente a la justicia. Esto me motiva a seguir ejerciendo mi profesión, a seguir adquiriendo nuevos conocimientos. Es verdad que puede ser frustrante, desconcertante y hasta a veces puede generar angustia; pero trabajo en equipo, y esto es algo que se comparte siempre con los demás profesionales. Y, además, encontrarse con esa frustración da más ganas de apostar al trabajo social.

¿Cuál es el mayor aprendizaje que incorporaste durante estos años?
A lo largo de estos años aprendí a comprender, a compartir ideas, a valorar opiniones y subjetividades, a escuchar, a pensar estrategias de intervención, a trabajar de manera articulada, a planificar proyectos, a generar espacios de debate, a trabajar en y con la diversidad de oportunidades.
¡Gracias, Ceci, por compartirnos tu vocación!