Carta de nuestro párroco, p. Carlos Avellaneda, publicada en la revista Bienaventurados del mes de marzo de 2020.

“Preparémonos para vivir juntos el acontecimiento de amor más grande”.


Hace un tiempo vino a verme una joven para reconciliarse. Lo primero que me dijo fue que lo hacía porque quería prepararse para su casamiento. “¿Cuándo te casás?”, le pregunté. Su respuesta nos trasladó a 10 meses hacia adelante. Evidentemente, ella tenía conciencia del acontecimiento que iba a vivir.
La mayoría de los novios dedican un gran empeño a preparar el “evento” de su boda. Para eso gastan bastante dinero en vestidos, salón de fiestas, catering, disc jockey, cotillón, maquilladora, viaje de bodas, etc., sin contar el armado de la vivienda donde habitarán, si es que todavía no lo hacen. Son muchos y costosos los preparativos para el “evento”. Todo vale la pena si se trata de celebrar el “acontecimiento”.
¿Cuál es el acontecimiento? El acontecimiento es unir libre y amorosamente la propia vida a la de una pareja, y juntos iniciar el proyecto de la nueva familia. Se trata del nacimiento de algo nuevo que depende del amor y sólo del amor. Entonces, ¿no queda justificada la cuidadosa preparación de un acontecimiento que cambia la vida para siempre, ofreciendo una oportunidad única de ser feliz y fecundo? Obvio que sí. Hay que reconocer que no son muchos los novios que se preparan para semejante acontecimiento. Tratándose de algo que no se puede contratar o comprar y pagar, sino que se logra mediante la propia disposición a asumir el compromiso de amar para siempre con la ayuda de Dios, entonces se comprende qué importante es prepararse. Si hay algo que requiere preparación es vivir un acontecimiento de amor que nos involucra para toda la vida.
En este caso, prepararse implica ser consciente del amor que se recibirá y que se entregará, darse cuenta de las propias limitaciones y disponerse a dar un sí tan generoso que implica la propia vida. Todo con la gracia de Dios.
En estos días los cristianos transitamos juntos la Cuaresma. ¿De qué se trata esto? De vivir un tiempo de preparación para vivir un “acontecimiento de amor”. El mayor de ellos, el que implica dar la vida. La Cuaresma nos conduce a la celebración de la Pascua, cuando Jesús “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”. Él mismo había dicho a sus discípulos: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Y también: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas”.
La Pascua es el acontecimiento del amor más grande, del amor de Dios que, hecho hombre, da la vida por nosotros, sus ovejas, sus amigos. La Cuaresma es el tiempo que necesitamos vivir cada año para prepararnos para recibir semejante amor de Dios y dar una vez más, pero ojalá más que otra vez, una respuesta a ese amor. La única manera de celebrar la Pascua es disponernos a involucrarnos en un acontecimiento de amor total. Dios se desapropió de su condición divina y se hizo hombre para entregársenos por amor y así hacerse nuestro Señor. Vivir la Pascua es asumir una respuesta equivalente. De-sapropiarnos de nosotros mismos y entregarnos a Dios como suyos, como sus hijos, y a Jesús como sus amigos.
Si hay un acontecimiento que vale la pena preparar en la vida es un acontecimiento de amor. La Pascua es sólo eso: un acontecimiento en el que Dios se hace nuestro por amor y en el que nosotros podemos renovar nuestra entrega a Él, haciéndonos suyos por amor.
Caminemos juntos este tiempo para prepararnos espiritualmente para la Pascua. Les dejo un abrazo.

Padre Carlos.