Carta de nuestro párroco, p. Carlos Avellaneda, publicada en la revista Bienaventurados del mes de abril de 2020.

“Jesús destruyó la muerte e hizo brillar la vida”.


Pronto celebraremos una nueva Pascua en comunidad. Si bien cada domingo conmemoramos la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, en la Semana Santa lo hacemos consagrando varios días a vivir con mayor intensidad el acontecimiento de la resurrección.
Una expresión de san Pablo nos ayuda a comprender qué es la Pascua para los cristianos. El apóstol dice que nuestro salvador Jesucristo “destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible mediante la buena noticia” (2 Tim. 1, 10). Jesús pudo destruir la muerte sólo al aceptarla, asumiéndola con la esperanza puesta en su Padre. Jesús no fue defraudado por Dios, que lo resucitó a una “vida incorruptible”. Hasta allí la expresión de Pablo se refiere a la pascua de Cristo como victoria definitiva sobre la muerte.
Pero san Pablo, que dedicó su vida a la predicación del Evangelio, dice que la vida incorruptible brilla mediante la buena noticia. Esto significa que nuestro testimonio y nuestra predicación como cristianos están llamados a hacer brillar la vida de resurrección en medio de tantas situaciones donde la vida es amenazada.
Cada vez que la Iglesia se ocupa de cuidar a los niños en sus jardines maternales y hogares, y cuando crecen los educa en sus escuelas, colegios, universidades y apoyos escolares; cada vez que asiste a los pobres mediante la acción de Caritas, y visita a los enfermos a través de tantos voluntarios, la buena noticia es que se destruye la muerte y brilla la vida. Y cada vez que alienta a sus fieles mediante la catequesis, la predicación, los sacramentos y el acompañamiento espiritual, ayudándolos a vivir con coherencia la fe y a superar desalientos y a alejarse del pecado, también entonces la buena noticia se expande, destruyendo la muerte y haciendo brillar la vida.
En estos tiempos de la Argentina, la Iglesia vuelve a empeñarse en la afirmación del inalienable derecho a la vida de todos los hombres, desde el primer instante de su concepción hasta la muerte. El “no” al aborto legal es un “sí” a la vida de todo ser humano, en particular, de los más frágiles e indefensos.
La pascua de Cristo logró su victoria sobre la muerte y ese triunfo está llamado a expandirse a lo largo de la historia mediante el compromiso de los cristianos que anuncian la buena noticia. Mediante este anuncio, los que están amenazados por la muerte son rescatados y así brilla en ellos la vida.
Todas las situaciones de muerte -corporal, espiritual, psicológica y social- están llamadas a ser superadas mediante el anuncio de la buena noticia. Se trata de una misión a largo plazo y no estará nunca cumplida plenamente hasta que el mundo sea definitivamente salvado. La humanidad siempre necesitará nuestro compromiso con la vida y nuestro empeño en hacerla brillar mediante la buena noticia.
Que la próxima Pascua nos confirme a todos en el triunfo de Cristo sobre la muerte mediante su entrega de amor. Que esa certeza nos aliente a entregarnos amorosamente a los demás en pequeños servicios que hagan brillar la vida.
Los espero a todos a celebrar la Pascua en la Catedral.

Un abrazo,
P. Carlos.