Carta de nuestro Párroco, P. Pedro Oeyen, publicada en la revista Bienaventurados del mes de junio de 2017. 


Queridos amigos:

Hace unos días nuestros obispos escribieron una Carta Pastoral con motivo de los 60 años de nuestra diócesis, que quiero comentar con ustedes.
Ellos plantean que la diócesis fue creada en 1957 y que, a lo largo de este tiempo, ha recorrido un camino en el que se destacan algunas acciones:
1. La vida de fe fue un rasgo fuerte del primer obispo, Mons. Aguirre, que marcó su accionar y transmitió a cuantos trabajaron con él. Una fe no retórica, sino comprometida. Muchos proyectos pastorales brotaron de la confianza en Dios y la oración, como por ejemplo, la creación del Seminario, la novedad de la catequesis familiar, la Casa de Ejercicios Espirituales, Pascua Joven, etc.

2. La misión es algo muy propio desde nuestros orígenes. De la Gran Misión de Buenos Aires en 1960 nacieron muchas comunidades, colegios y parroquias. Luego Mons. Casaretto impulsó la misión hacia afuera: grupos de jóvenes que van al interior del país, sacerdotes que ayudan en otras diócesis y en Cuba, etc.

3. El compromiso con los pobres, que está muy ligado a la misión. Desde el inicio, nuestro territorio diocesano mostraba una gran diversidad cultural, social y económica. Esto subsiste actualmente: mientras algunos tienen muchos bienes materiales, mucha formación profesional y cultural, otros viven en extensos barrios marginales con grandes necesidades de todo tipo. Este contraste siempre movilizó a laicos, religiosos y sacerdotes a tratar de tender puentes. Cáritas, a través de todas sus expresiones, generó e impulsó muchísimas obras de asistencia y promoción humana; también se crearon numerosas escuelas y apoyos escolares en las zonas más carenciadas.

4. A estas tres podríamos agregar muchas más, como la organización del laicado; la multiplicación de los movimientos, retiros y grupos de oración; una pastoral juvenil creativa y en constante crecimiento; una liturgia que acompaña y alimenta a las comunidades, etc.
Pero nuestros obispos nos invitan a no quedarnos mirando para atrás, sino a proyectar el futuro. Que el pasado sea punto de partida y escuela de lo que debemos seguir haciendo. Y nos proponen que lo hagamos poniendo en práctica una espiritualidad centrada en Jesús y encarnada, con estas características:

  • Que parta de nuestra condición de seres débiles, vulnerables, necesitados de la misericordia de Dios.
  • Que nos anime a compartir preguntas que no tienen respuesta.
  • Que nos anime a llorar con el que sufre, partiendo de la conciencia de nuestras propias heridas.
  • Que genere cercanía, cultivando el amor recíproco y una mirada evangélica que construya una comunión en la diversidad.
  • Que establezca vínculos, pues la misión es relación, no se reduce a planificaciones abstractas, ni a eventos exitosos.
  • Que nos haga superar la globalización de la indiferencia, haciéndonos hospitalarios los unos de los otros.
  • Que una la oración y el compromiso con el hermano, como dos momentos del latido de nuestro corazón.

En definitiva, nos proponen vivir esta nueva etapa renunciando a actitudes triunfalistas y buscando la sencillez, la humildad y el servicio.

Pensemos juntos en cómo ponerla en práctica en nuestra parroquia.

Con todo afecto,
Pedro Oeyen