Reflexión de Catalina Beccar Varela publicada en la revista Bienaventurados del mes de agosto de 2017. 

28 de agosto: San Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia y “patrón de los que buscan a Dios”


Agustín de Hipona, santo, padre y doctor de la Iglesia católica y, por lejos, uno de mis preferidos. Es un santo que se anima a hablar de amor, pero no de un amor cualquiera, sino de un amor completo y realmente etregado.

San Agustín nos dice: el amor es una perla preciosa que, si no se posee, de nada sirve el resto de las cosas, y, si se posee, sobra todo lo demás.

Creo yo que son palabras demasiado sencillas para la gigante tarea a la que nos invitan. Palabras que hablan de amor, pero ¿qué es el amor? En mi opinión, el amor es inexpicable. Quizá sea un sentimiento, quizá sea una convicción, porque yo puedo quererte y entonces simplemente sigo queriéndote; o puedo elegir quererte y entonces quererte sin importar las circunstancias.

Agustín nos dice: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor”.

El amor es entonces el invitado de honor de San Agustín, es el verdadero sentido y fin de todo fundamento. El amor es aquello que se siente, que se transmite, que se contagia. No es ni grande ni chico; simplemente, es. Es un gesto de cariño, es una mirada atenta, es el respeto hacia quien tengo al lado, es el comprometerme con quien tengo al lado. El amor es escuchar, es admitir, es pedir perdón. El amor es también simplemente estar, acompañar. Es mucho más de lo que podría llegar a ejemplificar. Creo que de nada sirven nuestros actos y gestos hacia los demás si no traen con ellos algo mas que la acción.

San Agustín nos da la alegre noticia de que sólo el amor basta y que, con tener amor, ya no necesitamos nada más.

Cuando hay amor, todo el resto viene solo. Si yo te quiero, entonces todo lo que haga, todo lo que diga y todo lo que comparta con vos ya estará dado de antemano. San Agustín me invita siempre a pensar: ¿cuánto amor hay en mis acciones?, ¿realmente es el amor el que me invade o muchas veces me dejo llevar por el mal humor, los prejuicios y mi propio egoísmo?

San Agustín nos dice: “Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta”. De eso se trata, de entregarnos, de darnos por entero. Porque darnos también es querernos y amarnos, es tener la convicción de que en la propia entrega nos encontraremos con algo mucho más grande. En el darnos nos encontraremos con la sonrisa y satisfacción de aquel que nos recibe, y es entonces también allí en donde nos encontraremos con el amor. Creo que el amor es un ciclo que se retroalimenta, que nunca termina; un ciclo al que sólo hay que animarse a entrar.

Alguna vez alguien dijo que “A AMAR, SE APRENDE AMANDO”, ¿qué esperamos entonces para empezar a aprender?