Reflexión de nuestro párroco, P. Carlos Avellaneda, publicada en la revista Bienaventurados del mes de diciembre de 2018.

“Que Jesús nazca en nosotros”.


Una vez más llegamos al tiempo del Adviento que nos prepara a la celebración de la Navidad. ¿Cómo disponernos a celebrar el nacimiento de nuestro Salvador? ¿Qué podemos hacer para que ese nacimiento provoque algo en nosotros?

Fijémonos qué hace una familia para prepararse para un nacimiento. En primer lugar, tienen una reacción afectiva: se alegran, celebran y dan gracias por el nuevo hijo que viene. En segundo lugar, dan una respuesta efectiva: preparan el lugar donde vivirá el bebé, su ropa y sus juegos; hay que pintar la habitación, comprar o conseguir muebles, hacer arreglos. También habrá un seguimiento médico del embarazo, visitas al obstetra, ecografías y cuidados especiales. Y, en tercer lugar, a través de estas reacciones y acciones, los padres y, también los hermanos, van viviendo algo más íntimo: abren su corazón para acoger al nuevo hijo en sí mismos, incorporándolo a la propia vida personal y familiar. “Viene mi hijo o mi hermano en camino. Quiero que sepa que lo recibo en mi vida. Su nacimiento me afecta, me enriquece y me compromete”.

Santa María y san José vivieron estas disposiciones hacia el niño Jesús. Tratándose de una espera tan única y especial, la vivieron también en la fe, abriéndose a los designios de Dios sobre ellos dos, sobre Israel, su pueblo, y sobre la humanidad. Ellos nos enseñan a disponernos de manera afectiva, efectiva y creyente al nacimiento de nuestro Redentor.

“Afectivamente” la Navidad nos invita a alegrarnos y celebrar tanto amor de Dios por los hombres que quiso nacer entre nosotros. ¡Que nuestro corazón no permanezca frío e indiferente! “Señor te doy gracias por haberte hecho hombre por mí y por todos. Te doy gracias por santa María que te concibió del Espíritu Santo y te dio a luz con intenso amor. Te doy gracias por san José que los cuidó tanto a los dos. Ayudanos a no sentirnos solos, a sabernos siempre acompañados por vos, Dios con nosotros”. Cuando el nacimiento de Jesús pasa por nuestros afectos y nuestro corazón, algo nuevo puede ocurrirnos.

Asimismo, serán necesarias “acciones efectivas” para vivir la Navidad. Me refiero a dedicar un rato a la oración durante nuestra jornada, meditando las lecturas bíblicas de cada día. También debemos reconocerlo hecho hombre en nuestro prójimo: proponernos un gesto solidario, como cuidar a un enfermo, ayudar a un niño necesitado, armar una caja navideña para una familia carenciada. De este modo nos daremos cuenta de que el “Dios con nosotros” posee un rostro humano y personal desde el cual nos llama a asistirlo.

Finalmente, la llegada de Jesús nos pide vivir un Adviento interior y creyente, es decir, disponernos a que Dios nazca en cada uno de nosotros. Abrirnos más a Él en nuestra vida. Que el Señor nos consuele en nuestras angustias, nos fortalezca en nuestros cansancios, nos corrija en nuestros desvíos y nos llene de su presencia con la comunión. Pedirle que nazca en nosotros. Decirle que queremos que sea nuestro huésped.
Vivir el Adviento afectivamente, efectivamente y con fe es posible. Así haremos lugar al Niño que viene a nuestra vida para salvarla.

Les deseo un Adviento vivo y una santa Navidad. Quiero ayudarlos a vivir este tiempo intensamente y pido a Dios que nos regale poder hacerlo y así experimentar su salvación.

Un abrazo,
Padre Carlos.