Reflexión de Ignacio Rico, publicada en la revista Bienaventurados del mes de abril de 2019.

22 de abril: Día de la Tierra


“La naturaleza no es un lugar para visitar, es el hogar”
Gary Snyder

En una época del año en la que miramos cómo las hojas van cayendo de los árboles de un lado del mundo y cómo nacen brotes nuevos del otro, en la primavera del hemisferio norte, este 22 de abril celebramos el día de la Tierra.
Este milagro equilibrado y silencioso, que precede al hombre, avanza en la historia mientras en nuestras redes sociales vamos siguiendo lo que se dice del cambio climático, el impacto que está teniendo el ser humano en la tierra, etcétera. A veces parece que somos simples espectadores de una orquesta desafinada, donde compite una música pegadiza para seguir haciendo siempre lo mismo, con otros sonidos a veces catastróficamente estridentes, y otros que, con ritmo creciente y constante, entonan notas de reflexión, pausa, equilibrio y transformación.
Lejos de un tono apocalíptico o de minucioso rigor científico, me quería centrar en las notas musicales que capto de toda aquella orquesta y que invitan a una conversación de provecho y que tienen como cumbre atraer mayor conciencia a nuestro ser y entorno. A la vez, entendiendo que el tema es tan extenso, me limito a asomarme al cambio de paradigma y a dos ejes puntuales que son la reducción de plástico y el reciclado, que están teniendo un margen de acción creciente en nuestro día a día moderno.
Entrevisté a Pablo Leidi, director ejecutivo de ComunicaRSE, que a través de su sitio web fundado en 2002, su newsletter y sus investigaciones en torno a la sustentabilidad y responsabilidad empresaria busca visibilizar prácticas auténticas de Sustentabilidad en el sector privado. En ComunicaRSE tienen el ojo calibrado para distinguir negocios que se transforman desde su ADN y que están comprometidos con un cambio real, de los negocios que padecen “sustentabilitis” y que de golpe le ponen la etiqueta de sustentable a todo lo que hacen, sin incluir la ética, el desarrollo de su cadena de valor o el core de su negocio (eso que los identifica). Y que hay interesantes muestras de cómo la sociedad, más formada por tanta comunicación y transparencia, castiga fuertemente la reputación de las empresas que padecen este último fenómeno.
Según Pablo, hoy en la sociedad el paradigma tradicional de la acumulación y el consumo está en profunda crisis y requiere ser reinventado. Esto lo muestra el ineludible problema del descarte, de cómo está diseñado el sistema productivo para acumular el descarte, y eso lo exhiben dolorosamente los océanos, los basurales saturados y tantos desequilibrios que no están a la vista en nuestro metro cuadrado, pero nos interpelan para reflexionar acerca de la ética en todo esto y acerca de si no hay una manera más efectiva de hacer las cosas. La transparencia a través de redes sociales, la brecha de oportunidades a nivel social y la crisis de que mayor consumo no representa necesariamente mayor felicidad son otros fenómenos actuales que nos interpelan, para rediseñar la lógica del tener y el ser. El tener debe seguir al ser, y no al revés. Estamos en un viaje del pensamiento lineal de consumo y descarte al pensamiento sistémico donde todo se reinventa, como en la naturaleza.
La conversación acerca de la reducción de plástico (que, como está estudiado, la gran mayoría va a terminar a los océanos) nos interpela en cómo re-educarnos para hacer este esfuerzo consciente, hasta que se haga inconsciente. Me refiero al esfuerzo de necesitar menos bolsas, cartón, objetos que con un solo uso ya se descartan sin degradarse… El cambio de paradigma es dificilísimo, ya que requiere consumir menos, y en un mundo que todavía no lo fomenta naturalmente. La ecología es una disciplina muy joven aún para el hombre y para nuestra cultura. Quizá nuestros nietos no caigan en su asombro cuando sepan que tirábamos residuos que no se descomponían. Y hoy ya vemos cómo los platos y bolsas de fibra vegetal están empezando a usarse en algunos lugares del mundo. No tardarán en venir, y nos conviene estar listos para cambiar nuestros hábitos como futuros consumidores cuando el mercado traiga esas opciones de forma más masiva. Hasta que eso llegue, hoy la tecnología nos ofrece apps como Carbon Tracker o Sustentate (a lanzarse pronto esta última), que nos permiten calcular nuestra huella de carbono diaria o semanal o usar inteligencia artificial para mejorar nuestro consumo, pudiendo identificar en qué cosas podemos mejorar nuestra contribución a usar menos plástico.
Respecto al reciclado, estamos teniendo importantes avances en ser más conscientes del hábito de separar, hábito del cual los chicos son los principales embajadores. Es por esto que las escuelas – y padres más impregnados de este cambio de época – ponen el énfasis en esta conducta. Hoy hay más medios que antes para elegir qué tipo de consumidor quiero ser (como por ejemplo dondereciclo.org.ar, que tiene mapeados con insospechada cercanía lugares para reciclar según tipo de residuo). Nuestras acciones como consumidores no son inocentes, y trascienden la lógica de cuál de los actores debe cambiar primero: la empresa o las personas, o el huevo o la gallina. En esa línea, el pollito nacido de ese huevo debe protagonizar la adaptación en un mundo que tiene desafíos que generaciones anteriores no debieron enfrentar.
Por último, el papa Francisco estructura la vocación de la Iglesia a velar por una ecología integral en su encíclica Laudato Si. Esta innovadora encíclica se inspira, entre otras cosas, en la vocación ecológica de Francisco de Asís, que incluso en su tiempo pedía que se dejara una parte del huerto sin cultivar para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza.
“El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza” (Laudato Si, 12). Cuánta pedagogía encierra este mensaje en la huerta de nuestra vida, cuidándonos del hiperactivismo y cegados por la lógica del consumo y el “siempre más”. Que nuestra huerta vital en este día de la tierra nos haga disfrutar de labrar y cuidar de ella, en lo que depende de nosotros, con renovada conciencia de su misterio, don y llamado a honrar nuestra casa común.